Si creo que todo puede cambiar...

A bailar, bailar, bailar...

- Al acercarme para ver la fiesta me eh dado cuenta de que todo el mundo bailaba – Dijo él. - Y me eh sentido un poco celoso.
- ¿Celoso? – preguntó Luce. Estaban a solas. Ella rodeó con sus brazos sus anchos hombros y miró intensamente sus ojos de color violeta-. ¿Por qué deberías sentirte celoso?
- Porque – Respondió él acariciándole la espalda. – Tienes el carné de baile repleto por toda la eternidad.
Daniel le tomó la mano derecha, pasó la izquierda en torno a su hombro y dieron un par de pasos de baile sobre la arena. Todavía se oía la música de la fiesta, pero desde aquel lado de la roca parecía un concierto privado. Luce cerró los ojos y se apretó contra el pecho de él, hasta encontrar el sitio en el que su cabeza encajaba en el hombro de Daniel como una pieza de rompecabezas.

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