Si creo que todo puede cambiar...

Bienvenido Tula.


Te deseamos mucha suerte y, si te toca jugar el domingo, ojalá la rompas. No es sarcasmo: lo decimos en serio. Más allá de que también decimos lo siguiente...

No les pedimos a nuestros jugadores que dejen literalmente la vida en la cancha, no esperamos que sean Jacobo Urso. Ni siquiera pretendemos que dejen la vida de manera metafórica, como los sufridos Camboyanos. A esta altura nos conformamos con que sean dignos y respetuosos con el Club, ni siquiera que simulen quererlo, con eso nos alcanza. 

Surgido en las inferiores de Ferro, Cristian Tula tenía 25 años cuando fue adquirido por River, en 2003. Su paso por el hoy líder del Nacional "B" fue breve y poco destacado. En 2005 fue cedido a préstamo a Arsenal, donde pudo afianzarse como titular. Finalizado el vínculo retornó a River, lo que significó para él retornar a la suplencia. Un nuevo préstamo lo condujo, en 2006, a San Lorenzo, donde no sólo recuperó la titularidad sino que obtuvo la capitanía y el mayor y único logro deportivo de su carrera: el Clausura 2007. El Ciclón, además, compró su pase y lo cobijó hasta 2009, cuando volvió a ser cedido a Arsenal. Desde junio de 2010, Tula viste nuevamente la azulgrana. 

A la par del deterioro de las arcas del Club que le dio un nombre dentro del Fútbol Argentino (y no decimos que ese deterioro sea culpa suya, que se entienda bien), sus (justos) reclamos salariales y pedidos de inhibiciones han sido recurrentes desde 2007. Por ejemplo, en julio de 2008 -luego de la Copa que le valió al plantel el popular mote de Mercenarios- no se integró en tiempo y forma a los trabajos de pretemporada (en Mar del Plata), e intimó a San Lorenzo a pagarle una parte proporcional de seis meses de prima que se le adeudaban. Algo similar ocurrió un año después, cuando no viajó junto a sus compañeros a Colonia (Uruguay) y reclamó su libertad de acción. 

En las últimas semanas, Tula exigió que se le abonara el sueldo de un par de meses adeudados en un plazo de 48 horas. De no suceder así, sería declarado libre. Esta vez las diferencias surgieron con respecto al modo de pago. El defensor sostenía que los directivos se habían comprometido a pagarle al contado, mientras que éstos afirmaban que habían acordado un financiamiento. Lo cierto es que Tula, que se perdió la pretemporada en San Luis, finalmente cobró todo lo que reclamaba. Bien por él. 

Nadie pone en dudas que es absolutamente justo que un trabajador cobre lo que le corresponde por contrato. Nadie niega la validez de los reclamos salariales, más allá de que los jugadores de Primera División estén muy lejos de ser trabajadores comunes y corrientes. No está en tela de juicio el fondo del conflicto, sino la forma. Y así como Tula se valió de herramientas tan moralmente extorsivas como perfectamente lícitas para tener su sueldo al día -a pesar de estar consciente del pésimo momento económico y deportivo que vivía San Lorenzo, y de que los números que en su momento acordó con el Club escapaban a la lógica-, la Institución estaba en condiciones de separarlo del plantel profesional luego de haberle abonado cada centavo adeudado, a modo de "medida ejemplificadora". 

Lejos de eso, llegó el indulto y hoy el zaguero se encuentra nuevamente a las órdenes del entrenador Omar Asad. Una verdadera lástima, porque se perdió una buena ocasión de sentar como precedente que quienes no están a la altura moral de San Lorenzo, no merecen vivir de él

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