Si creo que todo puede cambiar...

Una tarde se hizo justicia y descendiste. Descendiste con tu soberbia y pedantería; creyéndote tu propio cuento, alimentándote de tus propias mentiras. Asumiendo como verdades absolutas esas que tus micrófonos funcionales se ocupan de masificar para que luego como un cerdo te revuelques en el chiquero de tus tristes y corruptos laureles. 
"El más grande sigue siendo River Plate"; "el que más ganó", "el que más hinchas tiene". Te la creíste; siempre fuiste igual y tu perorata enfermiza es el ancla que te terminó sepultando. No tuviste las bolas de hacerte cargo; preferiste no ensuciarte los anillos. Te creíste demasiada cosa como para descender; te pensaste más que lo que siempre fuiste. 
Acostumbrado a tu acomodaticio transitar, pululando en los escritorios de quienes digitan los intereses siempre a tu favor, esperaste la mano amiga que te saque de tu inexorable devenir. Y esas manos llegaron, hasta el final, pero nunca las supiste aprovechar. Y entonces pataleaste malcriado, extorsionando con tus voceros prometiendo el apocalipsis si decendias. Incluso quisiste morder la mano que te alimenta y le gritaste al mafioso de Grondona que ibas a publicar los resultados de tu auditoría porque si vos caías, caían todos. 
Así te fuiste; llorando y dando lástima. Ridiculizando tus colores; con escándalos en Córdoba y en tu cancha. Queriendo evadir tu realidad. Esa que hoy te dice que existe justicia. Y como existe justicia, te fuiste a la B.

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