Si creo que todo puede cambiar...

Considero menestar dar a saber que el abrir este cofre que usted, inefable oyente, sostiene entre sus manos, está encendiendo los motores para emprender un viaje de ida (el que avisa, no traiciona). Me animo a vislumbrar en lo mas valiente de su idiosincrasia, al oír nuestro sueño, una búsqueda de sensaciones que no se venden en cualquier esquina. Sensaciones que si uno hace un mea culpa de carácter introspectivo, traen reminencias que no duelen. Donde lo misógino se torna benevolente, y lo beligerante se ahoga en banderas blancas.

Mis queridos, vale aclarar que en los mas crudos inviernos, también hay solsticios (se siente mucho menos el frío). Allí es donde el sentido común (el menos común de los sentidos) puede dejarnos faltos de asfalto o mutar en símbolos. 

La gente le da poder a los símbolos. Un símbolo solo, carece de sustento, pero con la suficiente gente un símbolo puede ser inexpugnable. Desde la cima de la montaña se ven como llamitas, algunos relucen por breves momentos con ápices de luz y sumisos, sen van dejando apagar. Otros (los menos, los muy, los tan) arden con grande fuerza, alimentándose de la energía del pueblo (esos fuegos no logran extinguirse). Y este fuego, creánme, es al que vale soplarlo, sin permitirle a la desidia celestial mal librarnos de afilar nuestros sentidos hacia este griño a soñar codo a codo.
Los invitamos a aceptar lo que fuimos, para vivir como somos y entender (mas también disfrutar) lo que seremos. Porque sin lugar a dudas seremos lo que debemos ser, o no seremos nada! 
Escuché por alli que el ver y el oír hacen desdichado al pensar. 
Invitamos a vuestras mercedes a esta mesa servida.
Ahora y para siempre:
QUE SALTE LA BANCA!

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