Si creo que todo puede cambiar...

Santiago Aysine, sos un genio.

Bastante largas las patas de esta mentira. 
Me empalagó la demanda de zalamerías. 
Nos extenuamos los dos de bretes consentidas. 
Mi displicencia agotó tu voraz fantasía. 
Maldito idilio de oreja larga y guerra fría. 
Soez tu Edipo que quiso forjar mi apatía. 
Y no me culpes por ser lo que vos no querías 
(no encontrarás querubines en Pampa y la vía). 
No más lágrimas de súplicas al cielo: 
Ya sos la nueva disidente del desconsuelo. 
Con tu porte dorado de acidez interior, 
ya estás libre a entregarte a otro imbécil postor. 
Duelen las manos de tanto tirar de la soga. 
Nos dedicamos a estar cuidando el autoestima. 
Tus camaradas darán un aplauso a la boga 
Del que te venga a llenar el cofre de saliva. 
Y nuestro sueño arruinado por nosotros mismos, 
que te ha empujado a vivir a un inhóspito abismo, 
voy a tratar de lograr que me tenga clemencia 
(los pobres tipos se miran con cierta indulgencia). 
No más lágrimas de súplicas al cielo: 
Ya sos la nueva disidente del desconsuelo. 
Con tu porte dorado de acidez interior, 
ya estás libre a entregarte a otro imbécil postor. 
Te alborotó mi placer más preciado, princesa. 
No soy adepto al ladrido de la sobremesa. 
No voy a transigir con sábados hostiles. 
En vano vas a activar tus ardides infantiles.

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