Si creo que todo puede cambiar...

- ¿Te importa que haga una cosa? -me preguntó mientras me abrazaba con fuerza.
- Lo que quieras.
Pero me soltó y se apartó de mí.
- Lo que quieras excepto eso -me quejé.
Sin hacerme caso, Edward me tomó de la mano y me levantó de la cama. Después se plantó de pie frente a mí, con las manos sobre mis hombros y el gesto serio.
- Quiero hacer esto como Dios manda. Por favor, recuerda que has dicho que sí. No me estropees este momento.
- Oh, no -dije boquiabierta, mientras él clavaba una rodilla en el suelo.
- Portate bien -murmuró.
Respiré hondo.
-Isabella Swan -me miró a través de aquellas pestañas de una longitud imposible. Sus ojos dorados eran tiernos y, a la vez, abrasadores-. Prometo amarte para siempre, todos los dias de mi vida. ¿Quieres casarte conmigo?
Quise decirle muchas cosas. Algunas no eran nada agradables, mientras que otras resultaban más empalagosas y románticas de lo que el propio Edward habria soñado. Decidí no ponerme en evidencia a mí misma y me limité a susurrar:
- Sí.
- Gracias - respondió.
Después, tomó mi mano y me besó las yemas de los dedos antes de besar también el anillo, que ahora me pretenecía.

Eclipse, Stephenie Meyer, Saga Crepusculo.

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