Si creo que todo puede cambiar...

La música es como la varita mágica del hada madrina, transforma las calabazas en carrozas. Un día de invierno, olor a tostadas, dulce de leche, una ventana mojada por la lluvia, risas, carcajadas, un perfume intenso. Una pelota de futbol embarrada, olor a choripán, espuma de afeitar, un abrazo, una voz, un álbum de figuritas completo. Una pileta climatizada, olor a cloro, ojos rojos, sandwichitos de jamón y queso, una canción en francés, una foto, cuatro amigos en la playa. Vodka, sombreros de piel, un fogón, una guitarra, una olla quemada, un guiso con gusto a quemado, un atardecer triste.Una pollera de tul, piso de madera con olor a polvo y humedad, paredes húmedas, frías, silencio, un caballito de carrusel, una muñeca de trapo. Lluvia, soledad, un auto con olor a nuevo, un bosque, olor a pólvora, tierra removida, gritos. Guantes de box, olor a cuero, una fuente con olor a jazmines, tierra arrasada, fuego, humo, una manta, frío y calor.Ruido de tacones sobre un piso de madera, olor a paella, volados y lunares, un río, un atardecer, el calor de su pecho, el olor de su piel.
La música llega donde no llegan las palabras, es un olor, es un color, una textura, llega directo al centro de tu alma. No pensar, sentir, nunca somos más genuinos que cuando escuchamos una canción que nos conmueve. Para mí la música es magia, la música es un milagro, un milagro que nos encuentra, un milagro que nos ilumina.

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