Si creo que todo puede cambiar...

Hoy aprendo a descubrirme, a saber quién soy. Siempre seré absurda, siempre contradictoria: la hija divertida pero problemática de mis viejos, la hermana canchera, la novia obsesiva, la paqueta superficial, la amiga incondicional, la amante traidora, la virgen santísima, la puta reventada, la concertista de piano y aprendiz de guitarra. Juego con mis papeles. Juego a sentirme alegre con mis primos, a tener dolor de panza de tanto reírme. A sentirme útil escribiendo, a sentirme inútil cuando me releo.
Sobrevivo. Sigo viva. Paso por alto lo negativo, lo reprimo, lo guardo en lo más recóndito de mi ser o lo transformo en historias que jamas pasaron. No, no soy brillante ni la mejor, no soy la más coherente tampoco. Soy poco, y de lo poco que soy, poco entiendo.
Siempre quise decirle. Abrí los ojos. Mirame, tocame. Soy real. Te amo y estoy acá. Quiero escucharte. No me prives, no me censures, no te escapes: esta realidad existe.
Sí, sé que mi cabeza escucha y entiende lo que necesita, todo según le convenga, pero no puedo evitarlo.
Entiendo que debo ser fuerte, afrontar lo que me toque, ser artífice de mi destino. Pero voy aprendiendo, aprendo a respetarme. Me releo y me espanto y entiendo que hay cosas que no puedo seguir haciendo. Entiendo que perdí mucho tiempo y que, sin embargo, no es tiempo perdido.Mezclo personalidades, momentos, tiempos y así mi amor se vuelve atemporal:
sin poder distinguir lo que fue y dejó de ser,
de lo que nunca será.

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